domingo, enero 08, 2012

El tesoro de la Abadía de Muerta. (cap. 2)


— Vamos a ver si me entero, ¿has cruzado medio continente para ofrecerme un trabajo que es un suicidio?

El terrano dejó la jarra en la mesa con un golpe y se limpió la boca con el dorso de la mano, hacía algo más de dos minutos que la partida de Detchö se había interrumpido cuando un desconocido había lanzado sobre la mesa una apuesta que había bloqueado las del resto de la gente. Aquello usado para romper la partida era una gema que Phill "Tres Dientes" había robado hacía cuatro años, y por la que era conocido como Tres Dientes; si aquella gema estaba ahí quería decir que sólo una persona podía estar de pie frente a él. Y ahora, esa persona, a la que hacía cuatro años que no había vuelto a ver, estaba sentada junto a él mientras éste apuraba la jarra que le había traído.

— Por mucho que te aprecie, Dustin, no pienso meterme en un sitio en el que los muertos campan a sus anchas. ¿Crees que estoy loco?

El terrano resopló varias veces y dejó la jarra de golpe sobre la mesa, si la gente que estaba alrededor había oído parte de la conversación no hacían ademán alguno de mostrarse interesados. Phil era conocido por dos cosas, primero por ser el mejor ladrón que haya caminado por Geos desde los tiempos anteriores a la Era de la Oscuridad, y segundo porque en sus propias palabras "era un loco sediento de sangre" y nadie quería molestar a una persona así. El desconocido que estaba frente a él, sin embargo, no era de la misma opinión; aguantaba los envites de Phil de una manera estoica y siempre con una sonrisa. Al final, tras casi diez minutos en los que Phil no dejó de repetir la palabra No en cada frase, el desconocido se inclinó sobre la mesa y susurró algo al oído del terrano; éste abrió los ojos mostrando la sorpresa que le había supuesto el comentario.

El desconocido se levantó y giró, enfilando su paso hacia la salida. Daba largas zancadas, siempre con la cara oculta tras el ala de su sombrero y cuando estaba frente a la puerta y sujetando el pomo para girarle y salir a la calle, desde el otro lado del establecimiento se oyó la voz de Phil.

— ¡Estoy dentro! —el terrano no lo veía, pero sabía que el hombre que le había venido a buscar estaba sonriendo al escuchar aquello.

* * * * *

Una sombra cruza el callejón.

Por los tejados de la ciudad una figura corre a toda velocidad. Su silueta se dibuja sobre las paredes de los edificios cada vez que salta de un tejado a otro, llegado a un punto se detiene en seco y se deja caer hasta la calle; con un grácil movimiento rueda al notar el contacto con el suelo y se incorpora echándose contra la pared que tiene frente a él. En la oscuridad sus ojos brillan, facilitándole poder ver lo que tiene a su alrededor; de pronto su pelaje se eriza, siente esa sensación que le ha salvado la vida en más de una ocasión, una corriente eléctrica que le recorre desde la nuca hasta sus patas traseras e instintivamente se aparta a un lado. Y pese a su sentido del peligro, a su ventaja por su visión y sus reflejos el arma le roza el brazo izquierdo y siente un latigazo de dolor que le llega hasta la garra; en posición defensiva se prepara para contraatacar mostrando sus colmillos a su atacante, el cual permanece de pie frente a él.

De un salto se abalanza sobre aquella figura pero su contrincante se aparta a un lado y deja caer la capa sobre la cara del felino, éste cae al suelo cegado ante la situación pero desgarra la capa e instintivamente salta hacia atrás esquivando otro tajo de la espada. Pese a que la anchura del callejón debería ayudarle en el combate, el felino se encontraba algo desorientado hacia esta situación, ¿cómo alguien podía haberle estado esperando? Nadie sabía que daría este golpe, en un principio el plan era entrar por la puerta trasera de la vivienda, hacerse con el cofre de la mujer y volver a salir en apenas un minuto o dos; y sin embargo, ese espadachín estaba frente a él intentando, claramente, acabar con su vida.

Sonrió. Sabía qué hacer, contaba con ese movimiento en su abanico de ataques y siempre había funcionado con una efectividad mortal. Se concentró durante medio segundo y sintió la esencia corriendo por su cuerpo, el hielo se formó en las garras e inmediatamente emprendió carrera hacia su enemigo. Cuando estaba a dos cuerpos de distancia saltó sobre él y giró en el aire, mirando hacia el suelo invocó el poder del Halo Gélido. De sus garras surgió un resplandor azul que envolvió a su enemigo, el movimiento terminó con el felino de espaldas a su atacante y realizando una poderosa patada que buscaba acabar con el combate en ese momento como tantas veces había hecho.

Pero su enemigo no había quedado congelado como él pensaba, sino que detuvo su patada y le hizo perder el equilibrio, cayendo al suelo y quedando a merced de la persona que le había emboscado en el callejón.