Duncan abrió los ojos lentamente, intentando adaptar su vista a la luz que entraba por la ventana. Estaba tumbado en una cama bastante cómoda, en una habitación cuya única decoración era un cuadro que había justo frente a donde se encontraba. El cuadro mostraba una puesta de sol de fondo a unos acantilados, y dos personas de espaldas tomadas de la mano; le sonaba aquella imagen pero no era capaz de ubicar dónde. A su izquierda la ventana por la que entraba la luz del sol estaba entornada; se intentó recostar pero se detuvo en cuanto sintió el dolor que le recorría todo el cuerpo. Levantó la mano derecha y vio el vendaje que tenía y le subía por el brazo hasta el hombro; recordó lo que había pasado, el combate con Lucy y cómo terminó siendo lanzado contra la pared por una evocación de viento.
Escuchó unos pasos al otro lado de la puerta, el pomo se giró y tras abrirse vio a la tyrlin. Llevaba una palangana con agua caliente de la que emanaba el vapor del líquido, sobre su ante brazo una toalla blanca. Dejó ambas cosas en la mesilla que había junto a la cama y que Duncan no había visto y le puso una mano en la frente. Él sabía que tenía fiebre, lo sentía por el dolor de cabeza que tenía, pero el tacto de su mano, su suave piel, le hizo olvidar el dolor durante unos instantes.
— ¿Cuánto he estado inconsciente? — la garganta le rascaba al articular las palabras. Sentía como si no hubiera hablado en años y le pareció un esfuerzo constante poder terminar la frase. Lucy no contestó, simplemente se sentó en la cama junto a él, empapó la toalla en el agua y limpió la frente de Duncan.
— Tres días. — rompió el silencio con su respuesta. Duncan la miró, ni siquiera cuando se enfrentaron ella le dijo nada. Dejó escapar una sonrisa y siguió mirando a la tyrlin.
— Se que hice el idiota cuando me fui así, y que no tengo ningún derecho ahora de volver a verte.
— Calla, por favor. Intenta descansar, voy a prepararte algo para comer.
Se levantó y se llevó las cosas que había traído, Duncan la vio marcharse y cerrar la puerta. No recuerda en qué momento se quedó dormido pero cuando abrió los ojos ya era de noche, esperaba no haber dormido otro día más, ya le molestaba haber perdido tres días como para seguir más tiempo postrado en una cama. Se incorporó, no sin dolor, y se acercó a la puerta; tras ella escuchó la voz de Lucy y de un hombre, no llegaba a entender lo que decían pero el tono de la conversación era alto. Con cuidado entreabrió la puerta y miró a la sala contigua, de pie en medio del salón estaba Phil "Tres Dientes", Lucy se encontraba unos metros detrás de él, cerca de una ventana y movía las manos gesticulando, Duncan se percató que le estaba hablando a Azael que estaba sentado en una silla en la pared este de la casa. Se decidió a abrir la puerta y pasó al salón, Phil se giró, le miró y se echó a reir.
— Hay que ver. Estás volviéndote viejo, amigo. — Duncan sonrió ante la broma de su amigo, Azael se levantó de la silla y fue a su encuentro, ayudándole a llegar hasta el asiento que había ocupado el felino. — Estábamos poniendo al día a Lucy con la idea tan descabellada que tienes.
— No podéis hacer algo así. La Abadía de Muerta es un sitio peligrosísimo, ¡¡la gente que se adentra en ella no sale viva!!
— Más razón para ir y saber que encontraremos un sustancioso tesoro. — al terminar de decir esto, Lucy se volvió a Phil y le lanzó una mirada que bien podría haber fulminado al ladrón ahí mismo.
— Chicos, se que la emoción de encontrar riquezas os llama. Pero eso es un suicidio.
Duncan miró a la tyrlin, sus mejillas estaban ruborizadas por el enfado y sus ojos tenían el brillo que delataba cuándo estaba enfadada. Como pudo se levantó de la silla, contuvo un quejido de dolor y escuchó las palabras de Phil que le indicaba que se sentase de nuevo, pero hizo caso omiso de ellas y se acercó hasta Lucy, a quien atrajo a sus brazos. Abrazó a la mujer que abandonó hace años como si acabase de ser esa misma mañana cuando se habían conocido. Ella se cayó ante esto y le devolvió el abrazo, sintió la calidez de sus manos y la respiración junto a su pecho; susurró a su oído un "tranquila" y la apartó suavemente. Sujetándola por los hombros la miró a los ojos y sonrió.
— Te necesitamos Lucy. Pero es más importante que sepas, que yo te necesito. No nos pasará nada si estás a nuestro lado.
— Duncan, no quiero perderte otra vez. — la tyrlin rompió a llorar y se refugió entre los brazos del terrano. Mientras, Phil indicaba a Azael que abandonasen la habitación y dejaron a la pareja allí.
A la mañana siguiente, terrano y felino volvieron a la casa y se encontraron a Duncan fuera practicando con la espada. Éste todavía sentía dolor en el hombro y se encontraba incómodo encerrado entre cuatro paredes, haciendo fintas el terrano asestó un golpe lateral al árbol que tenía frente a él.
— Muy bien, ese árbol no volverá a molestarnos nunca más. — Phil bromeaba con Azael, quien asentía con una sonrisa que mostraba los peligrosos colmillos de los felinos.
— Bienvenidos chicos. Pasemos adentro, Lucy está terminando de preparar su mochila para el viaje.
— Veo que la noche ha servido para que os reconciliéis.
Duncan envainó la espada con un movimiento rápido y sonrió a su amigo. Entraron en la casa y cerraron la puerta por dentro; la aventura estaba a punto de comenzar.
— Chicos, se que la emoción de encontrar riquezas os llama. Pero eso es un suicidio.
Duncan miró a la tyrlin, sus mejillas estaban ruborizadas por el enfado y sus ojos tenían el brillo que delataba cuándo estaba enfadada. Como pudo se levantó de la silla, contuvo un quejido de dolor y escuchó las palabras de Phil que le indicaba que se sentase de nuevo, pero hizo caso omiso de ellas y se acercó hasta Lucy, a quien atrajo a sus brazos. Abrazó a la mujer que abandonó hace años como si acabase de ser esa misma mañana cuando se habían conocido. Ella se cayó ante esto y le devolvió el abrazo, sintió la calidez de sus manos y la respiración junto a su pecho; susurró a su oído un "tranquila" y la apartó suavemente. Sujetándola por los hombros la miró a los ojos y sonrió.
— Te necesitamos Lucy. Pero es más importante que sepas, que yo te necesito. No nos pasará nada si estás a nuestro lado.
— Duncan, no quiero perderte otra vez. — la tyrlin rompió a llorar y se refugió entre los brazos del terrano. Mientras, Phil indicaba a Azael que abandonasen la habitación y dejaron a la pareja allí.
A la mañana siguiente, terrano y felino volvieron a la casa y se encontraron a Duncan fuera practicando con la espada. Éste todavía sentía dolor en el hombro y se encontraba incómodo encerrado entre cuatro paredes, haciendo fintas el terrano asestó un golpe lateral al árbol que tenía frente a él.
— Muy bien, ese árbol no volverá a molestarnos nunca más. — Phil bromeaba con Azael, quien asentía con una sonrisa que mostraba los peligrosos colmillos de los felinos.
— Bienvenidos chicos. Pasemos adentro, Lucy está terminando de preparar su mochila para el viaje.
— Veo que la noche ha servido para que os reconciliéis.
Duncan envainó la espada con un movimiento rápido y sonrió a su amigo. Entraron en la casa y cerraron la puerta por dentro; la aventura estaba a punto de comenzar.


