martes, febrero 28, 2012

El tesoro de la Abadía de Muerta. (cap. 5)

Duncan abrió los ojos lentamente, intentando adaptar su vista a la luz que entraba por la ventana. Estaba tumbado en una cama bastante cómoda, en una habitación cuya única decoración era un cuadro que había justo frente a donde se encontraba. El cuadro mostraba una puesta de sol de fondo a unos acantilados, y dos personas de espaldas tomadas de la mano; le sonaba aquella imagen pero no era capaz de ubicar dónde. A su izquierda la ventana por la que entraba la luz del sol estaba entornada; se intentó recostar pero se detuvo en cuanto sintió el dolor que le recorría todo el cuerpo. Levantó la mano derecha y vio el vendaje que tenía y le subía por el brazo hasta el hombro; recordó lo que había pasado, el combate con Lucy y cómo terminó siendo lanzado contra la pared por una evocación de viento.

Escuchó unos pasos al otro lado de la puerta, el pomo se giró y tras abrirse vio a la tyrlin. Llevaba una palangana con agua caliente de la que emanaba el vapor del líquido, sobre su ante brazo una toalla blanca. Dejó ambas cosas en la mesilla que había junto a la cama y que Duncan no había visto y le puso una mano en la frente. Él sabía que tenía fiebre, lo sentía por el dolor de cabeza que tenía, pero el tacto de su mano, su suave piel, le hizo olvidar el dolor durante unos instantes.

¿Cuánto he estado inconsciente? — la garganta le rascaba al articular las palabras. Sentía como si no hubiera hablado en años y le pareció un esfuerzo constante poder terminar la frase. Lucy no contestó, simplemente se sentó en la cama junto a él, empapó la toalla en el agua y limpió la frente de Duncan.
Tres días. — rompió el silencio con su respuesta. Duncan la miró, ni siquiera cuando se enfrentaron ella le dijo nada. Dejó escapar una sonrisa y siguió mirando a la tyrlin.
Se que hice el idiota cuando me fui así, y que no tengo ningún derecho ahora de volver a verte.
Calla, por favor. Intenta descansar, voy a prepararte algo para comer.

Se levantó y se llevó las cosas que había traído, Duncan la vio marcharse y cerrar la puerta. No recuerda en qué momento se quedó dormido pero cuando abrió los ojos ya era de noche, esperaba no haber dormido otro día más, ya le molestaba haber perdido tres días como para seguir más tiempo postrado en una cama. Se incorporó, no sin dolor, y se acercó a la puerta; tras ella escuchó la voz de Lucy y de un hombre, no llegaba a entender lo que decían pero el tono de la conversación era alto. Con cuidado entreabrió la puerta y miró a la sala contigua, de pie en medio del salón estaba Phil "Tres Dientes", Lucy se encontraba unos metros detrás de él, cerca de una ventana y movía las manos gesticulando, Duncan se percató que le estaba hablando a Azael que estaba sentado en una silla en la pared este de la casa. Se decidió a abrir la puerta y pasó al salón, Phil se giró, le miró y se echó a reir.

— Hay que ver. Estás volviéndote viejo, amigo. — Duncan sonrió ante la broma de su amigo, Azael se levantó de la silla y fue a su encuentro, ayudándole a llegar hasta el asiento que había ocupado el felino. — Estábamos poniendo al día a Lucy con la idea tan descabellada que tienes.
No podéis hacer algo así. La Abadía de Muerta es un sitio peligrosísimo, ¡¡la gente que se adentra en ella no sale viva!!
Más razón para ir y saber que encontraremos un sustancioso tesoro. — al terminar de decir esto, Lucy se volvió a Phil y le lanzó una mirada que bien podría haber fulminado al ladrón ahí mismo.
Chicos, se que la emoción de encontrar riquezas os llama. Pero eso es un suicidio.

Duncan miró a la tyrlin, sus mejillas estaban ruborizadas por el enfado y sus ojos tenían el brillo que delataba cuándo estaba enfadada. Como pudo se levantó de la silla, contuvo un quejido de dolor y escuchó las palabras de Phil que le indicaba que se sentase de nuevo, pero hizo caso omiso de ellas y se acercó hasta Lucy, a quien atrajo a sus brazos. Abrazó a la mujer que abandonó hace años como si acabase de ser esa misma mañana cuando se habían conocido. Ella se cayó ante esto y le devolvió el abrazo, sintió la calidez de sus manos y la respiración junto a su pecho; susurró a su oído un "tranquila" y la apartó suavemente. Sujetándola por los hombros la miró a los ojos y sonrió.

Te necesitamos Lucy. Pero es más importante que sepas, que yo te necesito. No nos pasará nada si estás a nuestro lado.
Duncan, no quiero perderte otra vez. — la tyrlin rompió a llorar y se refugió entre los brazos del terrano. Mientras, Phil indicaba a Azael que abandonasen la habitación y dejaron a la pareja allí.

A la mañana siguiente, terrano y felino volvieron a la casa y se encontraron a Duncan fuera practicando con la espada. Éste todavía sentía dolor en el hombro y se encontraba incómodo encerrado entre cuatro paredes, haciendo fintas el terrano asestó un golpe lateral al árbol que tenía frente a él.

Muy bien, ese árbol no volverá a molestarnos nunca más. — Phil bromeaba con Azael, quien asentía con una sonrisa que mostraba los peligrosos colmillos de los felinos.
Bienvenidos chicos. Pasemos adentro, Lucy está terminando de preparar su mochila para el viaje.
Veo que la noche ha servido para que os reconciliéis.

Duncan envainó la espada con un movimiento rápido y sonrió a su amigo. Entraron en la casa y cerraron la puerta por dentro; la aventura estaba a punto de comenzar.

viernes, febrero 24, 2012

[Actual Play] Aventuras en la Marca del Este.

Esto que van una exploradora, una mediana, una elfa y un guerrero arcano por el bosque y se encuentran con una troupe circense...

Bien podría tratarse de un chiste que se cuenta en las calles de Marvalar, pero nada más lejos de la realidad. Este pasado domingo comenzábamos la partida al Aventuras en la Marca del Este, el juego editado por Holocubierta (aunque Mimi lleva orgullosa su edición de Ars Épica). Tras la pantalla, Darkvid se estrena como DJ en este juego mientras que en el grupo de aventureros nos situamos Ada, la propia Mimi, Karol y un servidor y dentro de un par de días se nos sumará Maki. Nuestros valientes aventureros son, por orden, una mediana, una exploradora, una elfa, un guerrero arcano y el futuro paladín. Que el dios que toque nos coja confesados...

* * * * *

Despunta el alba cuando nuestros protagonistas abandonan la aldea que les ha visto crecer. Parten en busca de aventuras, con el fin de ganar riquezas y fama; ¿y qué mejor forma que comenzar por un torneo de caza en el castillo del Barón? Así, con las mochilas cargadas de esperanzas y sueños, nuestros cuatro héroes ponen rumbo al castillo cercano.

Al salir de la aldea se encuentran con dos carromatos protegidos por un grupo de mercenarios del norte, cuatro hombres (y chicos) que pretenden ganarse unas monedas acompañando a la troupe circense que viaja en los vehículos. Estos carromatos pertenecen a una compañía mucho más grande, pero tuvieron problemas en sus ruedas y tuvieron que retrasarse. Tras pactar el unirse a ellos, ya que su destino es el mismo que el de nuestros héroes, se ponen rumbo al castillo; todo transcurre tranquilo, hasta que la exploradora encuentra huellas de Gnolls. ¿Pueden las criaturas estar merodeando a la caravana? Esa misma noche se montan las guardias y al amanecer del siguiente día nuestra exploradora confirma su temor; la líder de la caravana, una enana repudiada por su familia, y uno de los artistas de la troupe, encuentran una garra de Gnoll cortada.

Intentando no causar el pánico en la caravana, se ponen de nuevo en marcha. Según los cálculos de la enana, deberían estar a un día de distancia del castillo, por lo que aprietan el paso para intentar llegar al anochecer. Por el camino un grupo de guardias proveniente del castillo les intercepta, al parecer alguien ha asesinado al hijo del Barón y ha escapado, por la descripción que indican son dos hombres con camisas azules. Ante esta situación los ánimos decaen, lógicamente el torneo no tendrá lugar, pero la caravana debe continuar hasta el castillo donde se unirán al resto de su troupe.

Esa misma tarde llegan a las inmediaciones de la fortaleza, pero la enana decide hacer que todos acampen allí y al amanecer entrar al castillo mostrando lo mejor que puede dar de sí la compañía. Las guardias vuelven a establecerse y la exploradora acompaña al artista que encontró la garra y a su hijo a recolectar bayas de los alrededores; pero algo escama a nuestra protagonista, aquellos dos no iban con la intención de recolectar bayas, pero sin pruebas no puede acusarlos de nada por lo que decide callar y dejar que la noche siga su curso. A la mañana siguiente, tras cobrar los honorarios, el grupo de héroes, los mercenarios del norte y los dos carromatos se separan. La aventura continúa a partir de aquí...

miércoles, febrero 22, 2012

[Carrusel Bloguero de Juegos de Rol] El mejor suplemento jamás escrito.

Vuelvo a subirme, tras varios meses sin hacerlo, al carrusel de rol. En esta ocasión, Erekíbeon nos presenta el tema del mes: el mejor suplemento jamás escrito.

Siendo sinceros, he leído muy poco rol como para poder decir, a ciencia cierta, cuál me parece mejor. En mi poder hay suplementos de GURPS, de Heavy Gear, de Battletech, de Roleage, de Phenomena, Ad&d... pero ninguno que me vea capaz de reseñar. Así que voy a quitarme otro pájaro de encima, y voy a reseñar un suplemento que ha salido hace poco y que, respecto a su juego, resulta imprescindible (desde mi punto de vista, claro está).

El Imperio Ígneo, perteneciente a la editorial Ars Épica, nos amplía el mundo y la historia de Geos. El juego de Roleage, al que pertenece este suplemento (de 336 páginas), ve definida su ambientación con este volumen que se divide en 5 capítulos:

  • Capítulo 1: el mundo de Geos. Aquí se nos describen los ciclos solares, estaciones, lunas que posee el planeta y una breve cronología.
  • Capítulo 2: la Biblioteca de Santuario. Como si de backups se tratase, este capítulo alberga las organizaciones más importantes del Imperio, figuras que marcaron la historia (como Rezziel, los 3 Príncipes, los Primeros Nacidos...), algunas criaturas nuevas y vehículos característicos de la sociedad terrana.
  • Capítulo 3: entorno del Imperio Ígneo. El capítulo más extenso del libro, con diferencia, va desde la página 89 hasta la 278. Más de ciento cincuenta páginas que detallan los países que componen el Imperio, cada apartado tiene un mapa con la capital, una ficha con los datos sociopolíticos de la ciudad, alguna ciudad importante adicional, las fuerzas militares que hay, lugares importantes (como laberintos, ruinas...).
  • Capítulo 4: sociedad terrana. En este capítulo se recogen los datos referidos a cultura, bailes típicos, juegos, razas de terranos, religión. construcciones, vestuario y cualquier referencia social.
  • Capítulo 5: línea temporal. Durante todo el libro se nos ha narrado el viaje en el tiempo que efectuó Draccor Delorian, y para explicar la línea temporal que se sigue, aquí queda todo bien explicado.
El libro, pese a la cantidad de páginas que trae y a la sobrecarga de información, no se hace en absoluto pesado. En cada página, las ideas para aventuras saltan del texto para hacernos ir modelando partida tras partida si no tenemos miedo de sentarnos durante muuuuuchas tardes a jugar; cosa que, a mi gusto, es perfecta. Puede que los suplementos sean algo tan subjetivo como armamento, vehículos, historia del mundo... pero tienen que decir algo, tienen que dar pie a que puedas construir historias en torno a ellos, y este desde luego lo consigue. Durante dos años laaaargos, estuve dirigiendo una crónica con el (poco) material de ambientación que venía en el básico y lo disfrutamos; leyendo ahora este suplemento me alegro de ver que los conceptos básicos sí que les pudimos equiparar a la concepción de Geos y espero, tras haberlo leído, poder estar otros muchos más años dirigiendo otra campaña. Y eso, es lo más importante de un suplemento, que puedas trasladar la información que te dan a la mesa de juego.

Las criaturas que vienen en el capítulo 2, perfectamente pueden agregarse al bestiario que trae el libro básico y al resto de suplementos de la línea; y desde aquí, lanzo el guante a la propuesta de un bestiario para el juego, un suplemento que agrupase las criaturas ya editadas y las nuevas que pudieran aparecer (por pedir, que no quede). Luego, otro de los detalles que se agradecen y que sigue la tónica de la línea, es la inclusión de Héroes o Villanos legendarios al comienzo de cada capítulo; así, si anteriormente pudimos disfrutar de Las Furias de Geos, de Draccor o de Dracother, en este nos encontramos con Rezziel o el Duque (del que tengo en mente una maligna idea... ¡¡bwahahaha!!). Se mantiene además, la calidad de las ilustraciones, completamente evocadoras sobre el aspecto que tiene Geos y las diferencias que hay entre sus pueblos.

Una cosa que me ha llamado mucho la atención, es que los terranos tienen un idioma similar al egipcio. No se por qué me los imaginaba más europeos, pero se agradece una puntualización así. Explicando, además, las diferentes variantes del idioma y qué grupos lo hablan. Otro detalle a tener en cuenta, es la posibilidad de jugar con las diferentes razas de terranos que hay, habiendo ante nosotros la opción de tener en el grupo de juego a varios terranos diferentes (más ágiles, más fuertes o los que aparecen en el libro básico). Se nos ofrece también, por detalles de la historia del Imperio, un pequeño vistazo a los felinos y cómo supusieron el primer enemigo para los terranos, más allá de ellos mismos.

Un libro que, si eres jugador (o Director de Juego) de Roleage, no puedes dejar pasar. Desde mi punto de vista es lo mejor de la línea, incluso por encima del manual básico, y la verdad que es una pena acabar la historia. Estoy a la espera de ver los suplementos sobre el resto de razas y ver cómo continúa la historia a partir de la Era del Despertar. Algo se avecina, y no será nada bueno.

Desde aquí, ¡¡mi más sincera enhorabuena a los creadores!! Es un libro redondo.

lunes, enero 30, 2012

El tesoro de la Abadía de Muerta. (cap. 4)

¿No podemos hablar de esto de una manera más tranquila?

Duncan se escondió detrás de la columna eludiendo por escasos centímetros el ataque esencial. La pared que había frente a él explotó en una lluvia de cascotes y polvo que llenó el soportal en el que se encontraba. La esencia se condensaba a su alrededor, preparada la evocación de Escudo de Llamas, asomó la cabeza para ver dónde se encontraba la persona que quería acabar con su vida.

En medio del patio, con los puños apretados, estaba ella. Seguía igual de guapa que como la recordaba, el vestido verde que llevaba se movía por la esencia que fluía a su alrededor; tenía los puños apretados y respiraba de forma acelerada, haciendo que su pecho se moviera con cada exalación. El pelo, dorado como el tesoro de un reino, le caía sobre los hombros y el flequillo le tapaba los ojos. Duncan sonrió y recordó cuando una noche, varios ciclos atrás, estaban sentados en el puerto a la espera de que su barco zarpase; allí le pidió matrimonio. Nunca olvidaría la sonrisa con la que le sorprendió, el sí que salió de sus labios y se transformó en un beso que les unió en un mismo ser.

Pestañeó y rodó por el suelo, esquivando el ataque de la tyrlin. Se había vuelto más rápida, más poderosa; Duncan la recordaba como una joven frágil, temerosa de usar su poder para dañar y siempre intentando ayudar a los que la rodeaban. Aquella no era la Lucy que conoció, ni la chica a la que abandonó en el altar. Corrió por el soportal, rodeándola, intentando pensar cómo acercarse a ella sin hacerla daño. Calculaba que su reserva de esencia no podía ser muy alta, las últimas evocaciones eran poderosas, por lo que no debía faltar mucho para que ella dejase de atacarle. Se detuvo en seco, frente a él apareció, tras una columna, su prometida; giró sobre su pierna derecha y de un salto se movió hasta el centro del patio, pero allí también estaba ella.

Oh, vamos. ¿Un Doppelganger? — esto pintaba mal, si había sido capaz de aprender un sello así, ¿qué sorpresas más le esperaban? — Vamos Lucy, se que tienes que odiarme. Pero esto es exagerado. — miraba a las dos tyrlins que tenía frente a él. Ambas avanzaban paso a paso, los mismos que él retrocedía, y ninguna decía nada pero sus ojos bastaban para saber que por mucho que quisiera convencerlas, no lo lograría.

De pronto las dos figuras sacaron de la espalda un puñal de hoja curva, en él iba engarzada una gema dorada que reflejaba el brillo de la esencia de luz de la tyrlin. Duncan contuvo la respiración medio segundo intentando centrar sus pensamientos ante esa imagen, ¿acaso era una gema astral? Pero cuando quiso reaccionar fue tarde, la tyrlin (las dos imágenes) levantó la daga y de ella surgió un resplandor que se convirtió en una explosión de aire que impactó en Duncan y lo lanzó varios metros hasta la pared. La fuerza del impacto bastó para aturdir al terrano que a duras penas pudo incorporarse de nuevo sujetándose el hombro derecho, con el que había chocado contra la pared. La cosa no pintaba nada bien, ¿ahora era capaz de controlar evocaciones de viento? Desde luego, Lucy se había vuelto muy poderosa. Si hubiera reaccionado a tiempo, habría levantado el escudo de fuego, pero no había sido así y al perder la concentración había perdido la evocación.

Eso ha sido una sorpresa... desagradable. — le dolía incluso el respirar. ¿Puede que se hubiera roto una costilla con el golpe? — No... quiero... pelear contigo. — decir aquella frase le había costado un esfuerzo enorme. Se apoyó en la columna que había frente a él y golpeó con fuerza contra su hombro. Se escuchó un sonido seco, encajarse la articulación no era tan fácil como parecía, y casi estuvo a punto de caer inconsciente. Cuando abrió los ojos tenía frente a él a la joven tyrlin que le miraba con rostro serio, en la mano aún sujetaba el puñal. Lo guardó. Extendió las manos hacia él y de ellas surgió una luz que envolvió, como una manta, a Duncan. Para él, de pronto, todo se volvió negro mientras de sus labios se escapaba un ténue "Te quiero".

domingo, enero 22, 2012

Crossroads. Faces of the Sentinel. (cap. 20)

El Centinela realizó un giro sobre su pierna izquierda y golpeó con una patada, a la altura de la cara, a los dos matones que le enfrentaban. Los disparos resonaron por toda la zona y éste comenzó a correr para ponerse a cubierto, de un salto se parapetó tras un coche que recibió los impactos de las armas semi-automáticas.

¡¡Tienes a los dos hombres situados en el edificio que hay a tus seis!! — la voz de Fedora sonaba metálica a través de los altavoces del casco. Del interior del abrigo, el Centinela sacó dos esferas del tamaño de una nuez, las lanzó por encima de su cabeza hacia atrás y al impactar contra el suelo crearon una nube de humo que le ocultó de la vista de los tiradores. Estos abrieron fuego al ver aquella cortina, con la esperanza de impactar en el vigilante cuando este se moviera, pero el Centinela no estaba ya escondido tras el vehículo sino que iba corriendo ya en dirección opuesta al edificio desde el que le disparaban.
Te cubro. Ve a por el payaso. — la voz de Lynx anunciaba lo que iba a suceder. La joven dejó inconscientes a ambos tiradores en apenas diez segundos. De pie, en el tejado del edificio veía cómo su compañero corría tras el rastro del Gran Galletín.

El Gran Galletín había traído de vuelta a su circo, llevaban un par de días asolando la ciudad con una ola de crímenes absurdos en un intento de traer el caos a Betlam City. Pero el payaso se había vuelto más osado y había secuestrado a todo el ayuntamiento; en el edificio retenía a veinte personas, entre ellos el propio alcalde. Amenazaba con volar el edificio si no se cumplían sus exigencias. La policía tenía rodeado el ayuntamiento y se comunicaban con él a través de una línea telefónica, pero el Centinela sospechaba de los planes del Gran Galletín. Él nunca se quedaría en el edificio si pensaba volarlo y Fedora se encargó de rastrear la línea que unía el ayuntamiento con los policías desplegados; efectivamente, la llamada no provenía del edificio amenazado, sino de uno cercano. La policía no se había preocupado en controlar la llamada, sabían que los rehenes estaban dentro por lo que asumieron que los secuestradores también, pero el Centinela sabía cómo pensaba el Gran Galletín.

Sus sospechas le permitieron adelantarse al payaso, desde la azotea del edificio que quedaba tras el que albergaba al Gran Galletín, el Centinela se coló por una ventana de la última planta de un edificio de treinta. En silencio avanzó por los pasillos que meses atrás albergaron a uno de los bancos más importantes de Betlam City, pero al que la crisis se había llevado por delante. Activó la visión infrarroja  de su casco y se permitió unos segundos para estudiar el terreno. Tres pisos por debajo de él detectaba varias fuentes de calor.

Base. Necesito al gran hermano. Escanead el edificio en el que estoy y decidme si él está aquí.
Entendido. Dame cinco segundos, tenía al satélite siguiéndote desde hace un rato pero te has movido demasiado deprisa.
¿No será que te estás volviendo lenta?

Al otro lado del comunicador Fedora torcía la cara en un gesto de enfado.

¿Sabes que se me puede escapar sin querer la activación del desfibrilador del traje?

Troy, debajo del casco del Centinela, se echó a reír.

Siguiendo las indicaciones de Fedora, el Centinela se movía por los pasillos ocultándose entre las sombras. Su abrigo se movía con cada giro que efectuaba, adentrándose siempre en las habitaciones vacías sabedor que la vida de varias personas dependía de él. Así llegó hasta un despacho que daba al este, allí las ventanas se abrían hacia el ayuntamiento, las luces de los coches patrulla que rodeaban el edificio daban a la habitación un aspecto surrealista. Y en medio de la sala, con un teléfono móvil de la mano se encontraba el Gran Galletín.

Fedora. Escanea la habitación en la que estoy. Rastrea las señales que hay. — al otro lado de la línea se escuchaba cómo la joven hacker tecleaba a toda velocidad.
Hay una señal.
¿Nada más?
El resto está limpio.

Troy no se lo pensó, rápidamente y en silencio se acercó a él por detrás y le arrebató el teléfono de la mano. El payaso reaccionó tarde y cuando quiso darse cuenta de lo que sucedía el Centinela le había agarrado de la nuca y le había inmovilizado contra la ventana.

Esto se acabó.

El Gran Galletín estalló en risas, una risa histérica, demente. El reflejo de su fragmentado interior que salía a la superficie.

Idiota. Esto no ha hecho más que empezar. — tras esta frase el Centinela escuchó varios sonidos metálicos, propios de las armas semi-automáticas siendo preparadas para disparar. En ese instante el Centinela apartó lentamente al Gran Galletín de la ventana sin llegar a soltar su presa, en su bolsillo había dejado el teléfono del que sospechaba que pudiera ser también el detonador de las bombas que había en el ayuntamiento.

Contuvo la respiración.

"Tienes que controlarte si quieres hacer bien tu trabajo."

Cerró los ojos.

"Es importante que no sólo veas, sino que sientas."

Su ritmo cardíaco se redujo.

"Todo debe ser tan fluido como una danza."

Y fue consciente de lo que había a su alrededor.

"Si consigues eso, ya has ganado la batalla."

Con un golpe seco lanzó al Gran Galletín contra la ventana, el impacto hizo que estallase en cientos de fragmentos que, junto al payaso, se precipitaron hacia la calle. Los hombres del payaso abrieron fuego pero el Centinela ya se encontraba avanzando hacia ellos, esquivando los disparos, saliendo del radio de fuego de las armas, acercándose a cada uno de ellos.

Un puñetazo volcando todo su peso e inercia en el golpe. El impacto parte dos costillas.
Un giro en seco, dejándose caer y girando sobre su pierna derecha, golpeando con la izquierda en un arco completo. El hombre se desequilibra y cae hacia atrás, golpeándose la nuca con la pared.
Un salto hacia atrás, girando en el aire, lanzando varias esferas metálicas contra los ojos. Suelta el arma y se lleva las manos a la cara, posiblemente le queden secuelas y pierda visión.
Un rodillazo en el codo. Se escucha un ruido seco. El hombre grita de dolor. El arma no ha llegado a caer al suelo y cuando lo hace la palma de la mano golpea contra la cara del pistolero, partiéndole el tabique.

Han pasado tres segundos, el Centinela deja atrás a los cuatro hombres inconscientes y se lanza por la ventana. Varios metros por delante de él cae el payaso envuelto en una nube de cristales, Troy pega los brazos al cuerpo y acelera su caída; cuando ambos están a la altura de la décima planta el Centinela saca un disparador automático de la manga derecha del abrigo y extiende el brazo hacia el ayuntamiento. El garfio sale disparado por un mecanismo de aire comprimido, impactando en la pared y sujetando a ambos hombres. Con la mano izquierda sujeta el pie del payaso y cuando el cable se tensa siente cómo su hombro soporta el peso de los dos, la curva que describen les lleva a sobrevolar los coches de policía y a impactar contra la ventana del despacho del alcalde en el ayuntamiento.

Los dos ruedan por el suelo, pero el Gran Galletín se ha llevado la peor parte, golpeándose con la mesa que había tras la ventana. El Centinela se levanta y sujeta de nuevo al payaso, levantándolo del suelo y llevándole hasta la ventana.

Te lo he dicho. Esto se ha acabado.